Egresado lacorderiano ganó beca para estudia...

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Egresado lacorderiano ganó beca para estudiar doctorado en Japón

por admin

Jun Ishida

Jun Ishida en el castillo de Osaka, Japón.

Con tan sólo 23 años, Jun Ishida emprendió un viaje a un país que lleva en sus venas, un lugar que le ofrece una nueva experiencia y que seguramente determinará en gran medida su desarrollo profesional: Japón.

Su nombre lo delata. Es descendiente de padre japonés, pero su corazón es tan caleño como el aborrajado, su plato favorito. Y no es para menos, pues nació y creció en esta ciudad de la salsa, de gente alegre, rica en gastronomía, de grandes deportistas, la de los siete ríos, una región que une un sinfín de culturas.

La Sierra Nevada del Cocuy, La Isla de Providencia y las dunas de Taroa en Punta Gallinas (Guajira), son algunos de los lugares explorados por este biólogo de la Universidad del Valle. Su amor por el medioambiente surgió desde pequeño cuando iba en compañía de su madre (colombiana) y padrinos a pescar al río o al mar. “Siempre estuve en contacto con la naturaleza y por eso desarrollé una sensibilidad por otras formas de vida con las que compartimos este planeta” comenta Jun, sonriente.

Ha sido un joven de retos y su espíritu aventurero lo ha llevado a cumplir muchos de sus sueños. Hace unos meses, vivió uno de los mejores buceos de su vida. La Isla Malpelo, ubicada en el Océano Pacífico, es un lugar mágico, lleno de formaciones coralinas, de tiburones martillos, mantarrayas y cientos de especies más. Y es allí donde Jun, a menos de dos metros, contempló uno de los animales –que a su juicio- es uno de los más dóciles: un tiburón ballena. Ese instante, indiscutiblemente, quedó grabado en su memoria; así como otras tantas experiencias.

Su sonrisa no se borra de su cara. Todavía no cree que sea cierto, “esto parece un sueño”, se dice a sí mismo. Pero no, no es un sueño. Entre 300 postulados, Jun Ishida es uno de los ocho becarios escogidos por el Gobierno japonés y gracias a esta oportunidad estudiará durante cinco años un doctorado sobre restauración de arrecifes coralinos, en la Universidad de Ryukyus en Okinawa, una isla situada al extremo sur de Japón.

En julio de 2016, Jun envió los documentos solicitados para aplicar a la beca destinada a descendientes del mencionado país que vivieran en Latinoamérica. Cuando vio los requisitos, pensó “esto está hecho para mí” y así sucedió.

En octubre del mismo año recibió un correo, él era uno de los cuarenta y cinco preseleccionados que debían presentarse en Lima (Perú) para una entrevista personal. Ese momento fue como de película. En un salón amplio e impecable había una mesa larga que se extendía de un extremo a otro; Jun estaba sentado de un lado y al otro, Yohei Sasakawa, presidente de la Fundación Nippon, junto a tres asesores. Por supuesto que hubo nervios, pero estos se fueron desvaneciendo a medida que Jun respondía a la única pregunta: “¿Cuéntanos quién eres?”.


Jun Ishida Tokio

Pasaron dos meses. Jun leía y releía el mensaje; quería estar seguro de lo que decía allí, así que tecleó las palabras en el traductor de Google y efectivamente: era uno de los beneficiarios de la beca que incluye tiquetes, hospedaje, alimentación, matrícula, gastos académicos y demás. Su emoción era evidente. Sin pensarlo dos veces, llamó a quien es y ha sido la protagonista de su vida, su mamá; esa mujer que siempre lo ha apoyado en sus decisiones y para quien nunca le bastará las palabras de agradecimiento.

Son más de 14.000 kilómetros de distancia los que Jun tuvo que recorrer en avión hace unas semanas para llegar a Tokio, la metrópoli en la que residirá hasta septiembre del presente año, mientras estudia japonés (curso que también está incluido en la beca); idioma que viene aprendiendo hace más o menos cinco años, desde que estaba en la universidad.

Hoy, desde el otro lado del mundo, con ayuda de un computador, cuenta su experiencia y deja ver que es un hombre cálido, espontáneo y alegre. Entre risas recuerda sus mejores momentos en el colegio. Esa emblemática frase “cultura, estudio y disciplina” ronda en su cabeza cada vez que le mencionan al Colegio Lacordaire, al igual que las clases de ciencias con la maestra Martha Ruiz. “Recuerdo que de cariño le decía ‘tía’. Ella transmitía ese amor por la biología que nadie más tenía e influyó mucho para que yo estudiara esta carrera”.

Se acuerda de las convivencias con gran agrado, “esas experiencias me marcaron mucho porque se enfocaban en la introspección, te enfrentaban a situaciones que hacían que crecieras como persona”. Esos valores que como lacorderiano aprendió, le permitieron capotear los desafíos de la universidad sin inconvenientes, tanto así, que logró ser el mejor graduando de biólogos de Univalle de su promoción, y hoy, tiene puertas abiertas a un camino que apenas comienza a recorrer.

“Esta es una oportunidad para seguir aprendiendo lo que me gusta, de desarrollarme como biólogo marino. Personalmente creo que aunque crecí y viví en Colombia, esta experiencia me llevará a encontrarme con mi otra mitad: Japón”, alude Ishida.

Sí, indudablemente es un joven con muchos talentos. Le gusta leer, cocinar, nadar, viajar, conocer lugares diferentes; es un experto en tiro con arco; certificado como buzo avanzado; habla español, inglés, japonés y espera perfeccionar el francés.

Él es un aventurero que aprovecha el tiempo al máximo y no posterga nada porque considera que la vida es corta. Con su historia, invita a soñar incansablemente, a ser perseverante; y sobretodo, permite entender que la cultura, el estudio y la disciplina jamás fallan y de hecho, catapultan a las personas a la cúspide de la montaña.

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